Cuando el duelo empieza a dejar espacio para la vida

Publicado el 10 de septiembre de 2026, 12:43

A medida que pasa el tiempo, vamos dejando más cosas atrás. Personas, lugares, relaciones, proyectos y versiones de nosotras mismas que, durante un tiempo, fueron parte de nuestra vida.

Nos ha tocado vivir, además, en un momento extraño: muchas cosas parecen más temporales que nunca y, al mismo tiempo, permanecen a nuestro alcance incluso después de haber terminado.

Las despedidas ya no siempre son finales. Seguimos teniendo acceso a fotografías, conversaciones, perfiles, recuerdos y lugares. Podemos regresar una y otra vez, aunque aquello a lo que volvemos ya no exista de la misma manera.

A veces, ese acceso se convierte en una especie de pasadizo alrededor de la despedida. Nos permite acercarnos a lo perdido sin terminar de reconocer su ausencia y puede hacer que el duelo se sienta como una herida que nunca llega a cerrarse.

Quizá por eso los rituales de despedida vuelven a cobrar importancia. No porque puedan borrar lo ocurrido ni obligarnos a dejar atrás algo que amamos, sino porque nos ayudan a reconocer que ha terminado, darle un lugar en nuestra historia y recuperar poco a poco un espacio en el que pueda entrar algo nuevo.

Despedirse de un lugar que había sido hogar, de una persona, de un animal querido, de una relación o de una etapa de la vida también significa aprender a habitar el vacío que queda. Y, con el tiempo, empezar a descubrir qué puede nacer en él.

 


He creado una pequeña guía con preguntas y ejercicios para acompañarte cuando algo termina y empezar a abrir espacio para lo nuevo.

Descargar gratuitamente la guía Hacer espacio