Cuando el descanso no es suficiente

Publicado el 14 de mayo de 2026, 9:41

Hay días en los que decides tomarte un fin de semana de descanso.

Y cuando llega por fin el viernes, la mente parece decir:
“¿descansar?”

De repente, como ella es tan ingeniosa y está tan acostumbrada a pensar incluso cuando crees que no estás pensando, se le ocurre crear una pequeña lista de cien cosas pendientes ante ti.

Entonces intentas aislarte un poco del ruido y de cualquier plan.
No ha sido una tarea fácil, pero decides dejarte llevar y levantarte algo más tarde.

A las ocurrencias de tu mente, probablemente se una también tu cuerpo.

Aunque no hayas enfermado en mucho tiempo y hayas escapado de todos los virus alrededor, hoy decides que no te encuentras bien.

Te vuelves a meter bajo las sábanas y no logras quedarte dormida.

Y si lo consigues, es probable que te levantes aún más cansada.

Entonces aparece de nuevo la lista interminable de cosas por hacer.

La culpabilidad por tener tiempo para ti probablemente venga también a saludarte.
Se sienta contigo.
Y cada vez te sientes más cansada.

A esa danza entre cuerpo y mente, quizá se está añadiendo algo a lo que prestamos muy poca atención diariamente:

tu sistema nervioso.

Ese que lleva tanto tiempo sobrecargado y funcionando por ti sin que apenas te des cuenta.
Ese que también participa en el desgaste silencioso que vamos acumulando día tras día.
Durante mucho tiempo pensamos que el cansancio se arregla descansando.

Dormir más.
Parar un fin de semana.
Desconectar.

Y a veces ayuda.

Pero hay un tipo de agotamiento que no nace solo de hacer demasiadas cosas.

Nace de vivir demasiado tiempo en alerta.

De sostener.
De resolver.
De anticiparse a todo.
De no terminar nunca de sentir seguridad real.

Y cuando el cuerpo se acostumbra a funcionar así durante meses o años, descansar deja de ser tan simple.

Porque incluso en silencio, el sistema sigue funcionando como si todavía tuviera que protegerte de algo.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios